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La laguna de Guatavita, escenario natural y sagrado del acontecimiento lucía su superficie tranquila y cristalina como una gigantesca esmeralda, engastada entre hermosos cerros. Las laderas, con tupidos helechos, mostraban botones dorados de chisacá, chusques trenzados como arcos triunfales, sietecueros y fragantes moras.
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La leyenda habla de un cacique llamado Guatavita, uno de los más poderosos caciques Muiscas, cuya esposa principal, según cuentan muy bella, pero abandonada de las atenciones de su marido, fue sorprendida por él mismo en fragante delito de adulterio. El cacique hizo empalar a su rival y obligó a su esposa a comer en público el sexo asado de su amante. Enloquecida, la cacica tomó en brazos a su hija y huyó hasta la Laguna de Guatavita donde se arrojó.
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